La revolución bolchevique

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“La revolución no se hace, sino que se organiza”. LENIN

Y ese mismo mantra es el que durante años han abrazado fielmente los herederos de la revolución del proletariado para justificar primero los crímenes de Estado y después la alienación de sus seguidores, para seguir, aun en el siglo XXI, idolatrando una ideología con sabor a rancio que solo genera miseria, claro está para la sufrida ciudadanía, porque las élites del partido acaban cumpliendoel viejo sueño comunista burgués de vivir en “casoplones”.

Para un comunista, resulta indudable que la revolución es imposible si no se da una situación revolucionaria, que bien puede ser definida como tal, esta situación excepcional que estamos viviendo y que desgraciada y torticeramente está siendo aprovechada desde la clandestinidad de Galapagar por los socios marxistas de Pedro Sánchez.

Si, así es, puesto que el manual de buenos usos comunistas contempla la fagocitación del estado de bienestar convirtiéndolo en un solar árido, con aristas y sin perspectivas de mejora, de tal forma, que llegado el momento ellos se ofrecen como salvadores mesiánicos de esta tundra social y económica. Eso sí, imponiendo sus normas y justificando sus medidas, que todos sabemos cuáles son, las del manual de buen uso subyugado a Lenin, esto es, nacionalización, expropiación, cargas impositivas,  balcanizaciones, etc…todo ello justificado como digo, desde el comunismo con rostro humano, ante la imposibilidad de la clase gobernante, es decir del presidente del gobierno, de mantener su dominio de forma inmutable, y antes de que se abra la grieta por la que irrumpe el descontento y la indignación, ellos toman el mando con falsa ponderación…es decir obtienen esbirros con forma humana.

Porque, queridos lectores, la revolución no surge de toda situación revolucionaria, sino solo de una situación en la que a los cambios objetivos,  viene a sumarse un cambio subjetivo, a saber; la capacidad de la clase revolucionaria para llevar acciones revolucionarias.

Y en Pablo Iglesias ha encontrado el mejor de los discípulos españoles- Largo Caballero mediante- de Lenin, y rápidamente ha urdido una estrategia mediocre, pero efectiva dada la ignorancia e incompetencia del presidente del Gobierno, que desconoce su propia historia, como para pedirle un mínimo de destreza en el ámbito de la teoría política.

Un plan sencillo el del heredero de la Pasionaria, básicamente trazado en dos líneas vertebradas, insisto, desde el subrepticio destierro lugareño en la sierra y que consiste primero en eliminar el foro público, es decir, justificar con una sonrisa que el Parlamento deja de funcionar como tal, cosa que no ha ocurrido ni en tiempos de guerra. Guillotina pues la posibilidad de ejercer la labor de férrea oposición y queda el poder omnipotente en manos de la izquierda sectaria. Con ello, como decía antes, fagocita el descontento y la indignación al eliminar su altavoz público. Segunda fase, trata de erosionar de manera fulminante y lapidaria el tejido económico del país, atacando donde más duele… autónomos y pymes. Sin medidas claras y plausibles que permitan la recuperación económica fulgurante y por tanto el mantenimiento del “statu quo” del motor real del emprendimiento y la generación de empleo, pero avisa como buen comunista que aplica el rostro humano en las purgas y nos señala el camino de la recuperación… el Estado debe ser dueño de los bienes de producción y de sus mecanismos, propaganda incluido… es decir, convierte España en un noble sin linaje y establece su propio patrón de recuperación, subido en su pequeño babieca y sin que nadie tenga ni la potestad ni la autoridad de impedirlo.

Es decir, sin anestesia, un golpe de estado, como se refería en la Francia del siglo XVII medidas determinadas tomadas por el poder omnipotente, sin respetar las normas morales generalmente para deshacerse de los enemigos, cuando el poder considerara que eran necesarias con el fin de mantener el bien común.

¿Os suena?

Y esto puede suceder amigos, porque como dijo Aldous Huxley, una dictadura perfecta tendría la apariencia de una democracia, pero sería básicamente una prisión sin muros en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar. Sería esencialmente un sistema de esclavitud, en el que los esclavos amarían su servidumbre.

Seamos listos.